22 abril 2016

DRY MARTINI

DRY MARTINI
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Para millones de personas la hora del
cocktail es la hora del Martini.
Despierta veneración y desde que se
mezclaron por primera vez la ginebra y
el Vermut, de eso hace más de 150
años, empezó la búsqueda... la
búsqueda del mejor Martini. Desde
Jerry Thomas, el primer gran
bartender de la historia, pasando por
Julio Richelieu, que oficiaba en
Martínez localidad próxima a San
Francisco, hasta el reconocido Martini
di Arma di Taggia, que lo creó en el
Hotel Knickerbocker para un
Rockefeller de buen beber y de bolsillos
cerrados, diversos han sido los
progenitores a los que la historia ha
otorgado la paternidad del Dry Martini.
Mi fórmula: el barman recoge la copa
helada del congelador, con suavidad la
deposita en una bandeja de plata
cubierta con un paño de hilo, le añade
una aceituna –verde sevillana–;
escanciando a continuación sobre el
vaso mezclador lleno de diamantinos
cubitos de hielo dos copas de helada
Bombay Gin y unas sonrisas de Vermut
seco (Noilly Prat o Martini seco), lo
acaricia durante 15 segundos con la
cuchara removedora y lo agita dos
segundos más y lo sirve en la copa.
Tras un twist o no de piel de limón se
ofrece al feligrés entre almohadones,
inmaculado, virginal, brillante. Así lo
oficiamos en el Dry Martini Bar.


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